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Broma Espacial

Pongámonos en situación. Dentro de un tiempo, nos enteramos de que nos vamos todos a la mierda. Un gran meteorito, una pandemia letal, una inversión de los polos magnéticos o una guerra nuclear. La extinción del hombre en un par de meses.

Tarde o temprano, alguna forma de vida extraterrestre llegará a la Tierra y no estará el hombre. Lo que yo propongo es una broma a  nivel extraterrestre.

Hacer desaparecer todo escrito, todas las fotografías, todas las películas, toda la arquitectura, toda la pintura, toda la tecnología, destruir toda información posible que pudiera dar pistas de cómo fue el hombre, cómo vivió, qué consiguió.

¿Toda? Toda no. Dejar preparado un búnker, bien señalizado, con sus triángulitos reflectantes y un luminoso de neón, si hace falta, en el que metiéramos estas dos imágenes que provocaran un colapso por confusión a nuestros visitantes:

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La Hora del Planeta Domesticado

“Durante el franquismo, un grupo de gente con pelo largo y barba era una transgresión. Hoy día, si un grupo de gente se deja cresta y se viste con camisetas anarquistas y botas militares, aparecerá a los dos días un maniquí así en el escaparate de El Corte Inglés”. De vez en cuando, veo cosas que me hacen recordar aquella frase de uno de los mejores profesores que he tenido. Tres ejemplos:

Hoy, todos los medios de comunicación martillean anunciando La Hora del Planeta. Una transgresión patrocinada en España por Inditex, Coca-Cola y Grupo Prisa entre otros. Es la solidaridad globalizada y seguida en masa por una población que pasaría del tema si se tratase de algún tipo de acción que conllevara un mínimo esfuerzo. Y es que apagar la luz, además de ser sencillo y hacerte sentir bien, es estético y romántico.

Hace unos días recibí un correo en el que me pedían que pinchara sobre un enlace y así, mostrase mi enfado por los atropellos que los bancos cometen sobre la gente, con el consentimiento de los gobiernos. Es la cultura del activismo del click. ¿Sientes rabia por esto? Ven, vamos a canalizarla de forma correcta: haz click aquí. Y ahora, reenvía este email a todos tus contactos. Mucho mejor ahora, ¿verdad?

Último ejemplo. Las revueltas en el Norte de África. En Egipto, la gente ocupó la calle durante días. Paralizaron el país. En Egipto murió gente. Sólo jugando fuerte se consiguen las cosas difíciles. Y Egipto lo logró. Pero Occidente, mirando su ombligo, lo bautizó como la revuelta de twitter o la revuelta de las redes sociales. Las redes sociales son potentes medios de comunicación que sirven para distribuir información. Son grandes inventos, pero no cambian gobiernos. He visto a gente creer que ha tumbado a Mubarak desde casa por poner comentarios en twitter con el hashtag #egipto o apuntándose a un grupo en Facebook.

Conseguido. Está usted domesticado. Ahora, cuéntelo en Twitter y Facebook.

La Ziudad

Dentro de poco nacerá un nuevo medio online, laZiudad.net

La Ziudad es un proyecto que voy a poner en marcha junto a  Alejandro Alves, un proyecto que pretende ofrecer contenidos culturales y sociales con calidad y de forma original. A ver qué tal funciona.

Puedes seguir el crecimiento del embrión, dentro de muy poco a través de Facebook y Twitter.

Entrevista a Julio Anguita

Hoy, los amigos del diario Tercera Información llevan en portada una entrevista que le hice a Julio Anguita hace unos días.

Al otro lado del teléfono escucho la voz de Julio Anguita. Son las diez de la mañana. Ha costado trabajo robarle un rato para charlar, y no porque no se muestre accesible, sino porque, a pesar de estar supuestamente retirado, no para de viajar dando conferencias, no para de recibir peticiones para entrevistas, colabora en medios de comunicación, etc. Además está escribiendo un libro sobre la Tercera República. Hace política, de una manera distinta a la de hace años, pero sigue haciendo política. “Este trabaja más que muchos de los que están en activo”, me decía alguien el otro día. Y puede ser. Le comento a Anguita antes de empezar que tengo un resfriado importante y le pido que me vaya perdonando de antemano, porque me escuchará toser más de una vez. “No te preocupes, yo también tengo un buen catarro, si quieres hacemos un coro”.

Esta entrevista es para Tercera Información, un medio digital. Tengo curiosidad por conocer cómo es tu relación con Internet ¿Usas la red?

Poco, muy poco. La uso solamente para escribir, para entrar en algunos medios de comunicación y poco más.

¿Qué te parece el tema Wikileaks? ¿Te ha sorprendido?

No. Estoy seguro que si tuviéramos toda la información que se da a través de las embajadas podríamos hacer unas crónicas deliciosas, que recordarían mucho a las crónicas de El Ojo de Buey, de Touchard-Lafosse sobre los reinados de Luis XIII, XIV, XV Y XVI de Francia. Pero bueno, son cosas que es lógico que se digan, son evaluaciones que se hacen sobre los jefes de Estado y de Gobierno, y que son más sinceras que el lenguaje diplomático.

Pero va más allá de todo eso. Por ejemplo, te leo una portada de EL PAÍS: “EEUU maniobró en la Audiencia Nacional para frenar casos como el de Couso y los vuelos de la CIA”

Vamos a ver, el que se extrañe de eso es que se ha caído de un guindo. Que EEUU ha interferido, maneja su espionaje, soborna… en fin; si esto es lo que hace con la ley Helms-Burton, con la Torricelli, con la invasión de países, ¿qué no hará cuando no esté ante la opinión pública? No me asombro. Lo veo normal.

Imagina que hubiese un “Wikileaks español” ¿Nos llevaríamos muchas sorpresas con los secretos de los últimos 30 años?

Sí, yo estoy seguro que sí. Todo lo que hay en torno a determinados acontecimientos; en torno al GAL, en torno a altas magistraturas del Estado… Sí, estoy seguro.

Seguir leyendo la entrevista…

Segunda canción de inflexión

Hay olores, sabores, imágenes, canciones que aparecen por casualidad y luego se clavan en uno, en algún momento de su vida, para quedarse. No lo pretenden, pero se quedan para siempre. Y se quedan de una forma extraña, sin exigir nada. Pero se quedan con un fin; se quedan para aparecer en momentos concretos, en momentos de inflexión. En momentos de mirarte al espejo. En momentos de estar solo con una mochila en la que no sabes lo que llevas. Y esas canciones, imágenes, sabores y olores, de un guantazo te obligan a un eterno retorno desde el que volver a empezar. A volver a cierto origen desde el que empezar de forma distinta. De forma nueva. No queda otra.

Con tristeza, Fernando Berlín

Leo con tristeza a Fernando Berlín tratar el tema de la visita de las Obamas. Le sigo y le admiro. Por eso me han sorprendido tanto sus formas. Casi me han dolido.

Todo es criticable. Es criticable la visita de la señora del presidente americano, a Marbella, ni más ni menos; es criticable que se cierre parte de playa al público para que una niña, se llame como se llame, se pegue un bañito y juegue un rato; es criticable que las medidas de seguridad que esta mujer lleva consigo incordien a los ciudadanos. Pero Fernando Berlín no ha profundizado lo más mínimo en nada de eso. 

Ha cogido un palo lleno de astillas, y se ha ido a descargar contra los que observaban, al igual que él, la criticable escena. No se puede, Fernando, hablar así de la gente, a no ser que quieras que te confundan con a quienes tantas veces te he visto criticar:

“(…) ¿quién mira a quién? ¿Ella a ellos? ¿Ellos a ella? Bañadores decoloridos, barrigas bajas, algún pareo en desuso, brazos atrás o cruzados. Tampoco faltan las gorras blancas, seguramente, más de una, obsequio de promoción de gasolinera. Somos toda una fauna si se nos mira con atención.”

Cuando escucho la palabra cateto, no puedo evitar acordarme del entrañable futbolista Guti, insultando a unos aficionados. Los catetos de los bañadores decoloridos, gorras blancas y barrigas bajas pertenecen a tu mundo. Incluso las sucias gasolineras pertenecen a tu mundo. Y tú, puede que sin darte cuenta, te has convertido por un momento en la niña a la que le cierran un trozo de playa para que se bañe y juegue en la arena con un palo lleno de astillas, le duela a quien le duela.

Yo conocí a Saramago

Es la persona más querida a la que no he conocido.

Miento. En realidad sí que le conocí. Conoces a quien lees con atención, a quien escuchas con cariño cuando sale en radio o en televisión. Conoces a ese personaje público al que decides darle tu cariño por algún motivo. Conoces a quien quieres conocer. Y yo conocí a Saramago.

Ya hablé una vez aquí de él. Yse me olvidó contar lo más importante. En esa visita que hizo a Sevilla en el 2003, para dar unas conferencias, aproveché para pedirle que me firmara unos libros. Un amigo y yo nos enteramos de que a la mañana siguiente de la conferencia, estaría no sé dónde, en un acto cerrado. Fuimos en su busca y lo encontramos. Sabíamos que estaba tras una puerta situada al final de un pasillo estrecho en el que no había nadie más que nosotros.

Después de un rato de espera, por fin salió; lo hizo “escoltado” por dos señores que, cuando le pedimos que nos firmara el libro, respondieron por él: “José no puede pararse. Va a una entrevista a Canal Sur y llega tardísimo”. Él nos miró al pasar a nuestro lado y nos hizo un gesto como pidiéndonos disculpas por no poderse detener. Mi amigo y yo nos quedamos observando cómo se alejaba por el pasillo estrecho, cuando unos metros después, Saramago se detuvo, se dió media vuelta y vino hacia nosotros. Nos dijo en su idioma portuñol: “Si no, después me voy a sentir mal. Es puro egoísmo”. Nos firmó los libros y volvió de nuevo bajo la custodia de aquellos dos señores que miraban desesperados el reloj.

¿Estaremos extrañamente conectados por la bondad del mundo?

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Y de propina: (Lo voy ampliando)

Una de sus últimas entrevistas, en TVE

Por esto es tan grande

A sus ochenta y siete, tenía un blog. Esta es su última entrada

Los miserables lo siguen siendo sea cual se la circunstancia

Uno de los muchos periódicos que hoy dedican su portada a José Saramago

Al Vaticano no le gusta Saramago