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¿Has pensado joder a alguien pagándole en monedas de céntimo?

Seguro que alguna vez te has encontrado con alguien que, vendiéndote algo, te ha tratado mal. Hace poco le pasó a un amigo. “No, no te voy a pedir el encargo si no vas a pagarlo ahora mismo, no tengo tiempo. Cuando vengas con el dinero, tendré tiempo para atenderte”.

Mi amigo decidió que en lugar de encargar en otro sitio el libro que necesitaba, iba a volver al mismo lugar y pagar al instante, como el dueño de la librería dijo, los 15 € que costaba su compra con las monedas de céntimos que tenía guardadas en una latita de Coca-Cola. Antes consultó si esto podía hacerse, si habría algún tipo de problema en realizar un pago de 15 € con 1.500 monedas de un céntimo.

Buscó información y la respuesta fue: no. Europa legisló sobre esto en 1998.  El artículo que regula este tipo de transacciones aclara que para los billetes no hay límite. Todo el mundo debe aceptar que un pago se haga en billetes, sea cual sea su número. Pero no con las monedas. Sólo las entidades emisoras tienen la obligación de aceptar el número de monedas que sea, en todo momento. El dueño de la librería no tiene por qué aceptar más de 50 monedas en un pago.

Europa, siempre robándonos diversión. Aquí la norma.

¿Te imaginas joderle la siesta a las compañías de telefonía?

Al igual que Bruce Willis se sacrificó para salvarnos de un gigantesco meteorito que se acercaba a la Tierra en Armageddon, tú puedes salvar a la humanidad de las molestas llamadas de publicidad que las compañías telefónicas hacen diariamente al móvil o al fijo de la gran mayoría de los mortales. ¿Cómo? Sacrificándote, como Bruce Willis.

Antes de nada, conozcamos al enemigo. Cada compañía tiene un ejército de robots, la mayoría de ellos con acento sudamericano (allí los tornillos y las placas son más baratos), dedicados a disparar contra nosotros las ofertas con las que sus jefes nos apuntan desde la sombra. Sin que nadie se lo pida, la compañía telefónica manda a un robot para que entre en el teléfono de tu casa a la hora de la siesta para, por ejemplo, ofrecerte un ADSL más alto y guapo que el que tú tienes. Así, día tras día.

El bombardeo no cesa. Y no podemos resignarnos con esta situación o simplemente hablarle mal al robot, que sólo obedece órdenes. Hay que encasquillar las armas. Pues bien, aquí entra el concepto Bruce Willis sentado sobre la bomba atómica. ¿Te imaginas joderle la siesta a las empresas de telefonía? Yes, We Can.

Cada compañía pone en su página web, para quien lo desee, la opción de ser llamado para recibir información inmediata sobre las ofertas que los jefes, desde la sombra, nos ofrecen.  Se trata de inmolarse. Dejar tu número de teléfono (móvil o fijo) y pulsar el botón “quiero que me llamen ahora”. En cuestión de segundos, tu teléfono suena. Al otro lado, un robot te dice que la compañía telefónica que le paga es maravillosa y que la contrates. Pues bien, cada vez que pones tu número de teléfono y pulsas “llamadme”, ellos te llaman. Si lo haces una vez, ellos te llaman una vez. Si lo haces quince veces consecutivas, ellos te llaman quince veces consecutivas. Y el arma se les encasquilla.

– Señor, le llamo para informarle, pero veo que usted tiene aquí 19 peticiones pendientes todavía y ya le hemos llamado otras 7 veces en esta tarde.

– Sí, verá, es que no sé quien será el graciosillo que está metiendo mi teléfono para que llaméis.

– Claro, es que el problema es que se nos colapsa la línea y no podemos hacer otras llamadas, señor.

– Sí, la verdad es que esta bromita es una vergüenza, señor robot.

Movistar (botoncito arriba a la derecha)

Ono (a la derecha)

Jazztel (a la derecha)

Orange (en pequeñito, a la derecha)

Suerte a los valientes.

 

EDITADO A 19 OCTUBRE:

Hay muchos comentarios interesantes sobre este tema en Menéame

Proyecto Tetas

Ayer le hice caso a mi blog y me pasé al lado oscuro: poner fotos de tetas para tener visitas, como él me pedía. Entré en Google, elegí un escote, titulé “Tetas” al post, lo mandé al foro de Menéame y a Twitter y me senté a esperar y a comparar. A compararlo con este texto, el último en el que perdí cierto tiempo al escribir, el cual también envié a los mismos sitios.

Pues bien, los datos de esta mierda de estudio sociológico son aplastantes. El escote ha conseguido un 1.000% más de visitas en un día que un texto cualquiera de este blog. ¡Mil por ciento más! ¡Y ni se veían las tetas!

Conclusión:

Se veía venir. Y nada mejor que uno de los comentarios que han llegado a El Teléfono Verde tras enseñar el escote. Lo firma un tal Jose: “Es la primera vez que visito tu blog. Me ha encantado tu post. No creo que vuelva a leerte. Hasta luego”.

Tetas

Mi blog, un tío ambicioso y con unas ganas enfermizas de protagonismo, me dijo hace ya tiempo que pusiera fotos de tías buenas para que así tuviéramos visitas. Miles de visitas, me decía el tío para venderme la moto. Siempre le dije que no, que si tenía un blog (a él) era para escribir, para forzarme a algo más complejo que a una foto de tetas.

Pero últimamente tengo poco tiempo, así que voy a hacerle caso. Por una vez. A ver qué pasa. Para darle un toque sociológico que en realidad no sé si tiene, compararé el número de visitas de estas tetas, que no he tardado ni dos segundos en encontrar en Google Imágenes, con este texto que escribí hace poco tiempo y me supuso algo, al menos un mínimo, de esfuerzo. Al igual que hice con el texto, mandaré el enlace al foro de Menéame y a Twitter y veré si es cierto que las tetas multiplican el número de visitas de este blog. Mañana lo contaré.

Proyecto para una España fantasma

Es una de estas ideas que te hacen pensar: joder, por qué no se me habrá ocurrido a mí. Pero no, se le ha ocurrido al autor del blog Kurioso, que explica perfectamente en qué consiste este Proyecto de la España fantasma:

¿Vives en el centro de una gran ciudad española? ¿Has visto tu pequeño pueblo, tu barrio o tu manzana alguna vez completamente ‘desiertos’? Este domingo, a las 20.30 de la tarde es una oportunidad histórica. Se calcula que casi 20 millones de personas estarán viendo el partido de España frente al televisor. La mayor audiencia televisiva de la historia vaciará las calles por completo.

Es una oportunidad memorable para fotografíar aquellos rincones por siempre ocupados, las grandes avenidas vacías, los parques desiertos… Por todo ello te pido que, si no te gusta el fútbol o tienes acceso de manera sencilla a una buena foto desde tu ventana, azotea o balcón durante el encuentro, me la hagas llegar esa misma noche. Yo las recopilaré al día siguiente -con sus créditos- para retratar la ‘España fantasma’.

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Bustamante y el jarrón

La otra noche, viendo la tele, me encontré con Bustamante actuando en un programa. Encontrar a Bustamante y cambiar de cadena suele ser, en mi caso, la misma cosa. Pero me quedé observándolo. Cantaba en playback y bailaba haciendo movimientos enérgicos. Tienes que llenar el escenario, le dijeron al Busta hace ya nueve o diez años en la academia de Operación Triunfo. Y él, nueve o diez años después, seguía el consejo. Daba saltitos espasmódicos sobre el escenario, gesticulaba con cada músculo de su cara y lanzaba miradas de deseo hacia la cámara.

La segunda vez que me miró con cara de deseo estuve a punto de cambiar de canal, pero no lo hice. Seguí observándolo. Y mientras lo veía dar saltitos, me di cuenta de algo tremendo: hace nueve o diez años que conozco, que conocemos, a Bustamante. Y si Bustamante no muere prematuramente y yo tampoco lo hago; si la industria de la música no decide lo contrario, es muy probable que un encuentro como éste vuelva a darse dentro de veinte. Entre medias habrá muchos otros, pero uno de ellos será dentro de veinte años. Yo estaré cerca de los cincuenta.

Para esa época, TVE probablemente siga existiendo. Y tras las doce uvas, el especial de Nochevieja seguirá ahí. Y allí estará él. Y algún año, por una cosa o por otra, allí estaré yo, delante del televisor. Allí estaremos todos. Parece sólo una especulación, pero no lo es. Es una certeza del tamaño de una catedral. Y cuando eso pase, prometo no cambiar de canal. Prometo hacer el ejercicio de observarlo, prometo quedarme allí para que me lance miradas de deseo, 20 años después. Y mientras lo hace, reflexionaré sobre mi relación con Bustamante. Pensaré que fui un ingenuo por no haber calculado, tres décadas atrás, que las consecuencias de ese nuevo concurso de cantantes iban a perdurar en el tiempo. En mi tiempo. Como cuando saludas por primera vez a alguien con quien te cruzas habitualmente por la calle sin conocerlo. Ese hola se perpetúa en el tiempo. No era un concurso de la tele, no estaban concursando, pensaré, estaban decorando la vida de la gente. Mi vida.

Y me acordaré de esa frase que escuché en una película argentina, y que dice algo así cómo que la muerte es ese jarrón decorado con flores que siempre estuvo en la salita, en el que nunca te fijaste, y que un día, de repente toma el protagonismo.

Spirit

Spirit, el robotico (es un decir: 200 kg pesa el muchacho) que lleva, como su gemelo Opportunity, seis años dando vueltas por Marte, se quedó atascado entre piedas hace poco, y se ha decidido convertirlo en una estación científica fija. Va a hacer poco más o menos lo mismo que antes, pero sin dar vueltas por Marte.

Así empieza el último texto que mi amigo Paco ha escrito en su blog. Sigue leyendo aquí si te apetece