Archive | así se fraguó RSS for this section

Así se hacen las portadas de MARCA

Madrid. Once de la noche. Redacción del diario Marca. El director del periódico, Eduardo Inda se reúne en su despacho con dos periodistas para decidir la portada a nivel nacional del día siguiente. Hace sólo unos minutos, Barça y Arsenal, dos de los mejores equipos del momento se disputaban el pase a la siguiente fase de la Champions League. El Barça ha conseguido remontar y eliminar al Arsenal ganándole 3-1.

– Inda: Bueno, chicos, hoy está difícil decidir cuál es el tema de portada. ¿Alguna sugerencia?

– Periodista 1: Hombre, yo veo claro que la clasificación del Barcelona es la noticia del día, ¿no?

– Inda: Tan claro yo no lo veo, la verdad. Mi olfato periodístico me dice que hay noticia en otro lado. Tengo esa sensación agarrada al estómago que me hizo dedicarme a este oficio…

– Periodista 1: Bueno, la Champions es la competición más importante en fútbol, y el equipo español ha hecho un partidazo y se ha clasificado, yo creo que…

– Inda: Pero chico, eso no es noticia ¡Eso no es periodismo! Periodismo no es ir al estadio o sentarte en la redacción a ver un partido para después escribir sobre ello. ¡El periodismo está en la calle, joder! ¡En la calle! ¿Otra sugerencia que no sea de periodismo de sillón?

– Periodista 2: Yo la otra noche estaba a las cinco de la mañana con un amigo en una discoteca y aparecieron borrachos Cristiano Ronaldo y Marcelo.

– Inda: Eso no le interesa a nadie

– Periodista 2: Pero eso no es todo. Marcelo llamó a Cristiano Ronaldo “Máquina”, y Cristiano le dijo “Loco”.

Inda se pone en pie de un salto, se afloja la corbata y mira su reloj. Descuelga el teléfono de su despacho y llama a redacción. – Que no se vaya nadie. Tenemos entre manos una exclusiva que va a ser la bomba.-

Inda se encierra en su despacho, abre su agenda de cuero marrón que le regaló su señora esposa por Reyes Magos y busca por la M. – Marcelo, aquí estás, ya te tengo- piensa en alto. Telefonea al lateral del Madrid:

– Inda: Marcelo, soy Inda. Sé lo que tenéis entre manos.

– Marcelo: Ya lo tengo casi acabado y me voy a casa, de hecho, estaba chupando el hielo.

– Inda: No, eso me da igual, me refiero a los motes, los apodos.

– Marcelo: ¿Eh?

– Inda: No te andes por las ramas, dime cómo llamáis a Casillas.

– Marcelo:Iker

– Inda: ¿Y no lo llamáis capitán, por ejemplo?

– Marcelo: Sí, también.

– Inda: ¿Y a Benzema?

– Marcelo: Benzemá

– Inda: Joder, Marcelo, ¡conmigo no juegues! ¿Vas a decirme que no conoces ninguna palabra en francés?

– Marcelo: Otro de lo mismo

– Inda: ¿Qué?

– Marcelo: No era a ti, perdona

Muy a pesar del lateral del Madrid, la conversación se alargó durante 30 minutos. Cuando colgaron el teléfono, Inda llamó a redacción para encargar que “un dibujante pinte lo que he descubierto”. “Que lo pinte y que se entienda”, añadió.

Saliendo del periódico camino a casa y con la satisfacción del deber cumplido, un sonriente Inda se sube en el ascensor con el periodista 1, al que agarra del hombro mientras le susurra a dos centímetros de distancia “esa sensación, esa jodida sensación”.

Así se fraguó: la promo de Cuatro para el mundial

Tres Cantos, Madrid. Lunes por la mañana. Hace siete meses, el jefe del departamento de autopromociones de la cadena de televisión Cuatro se reúne con su equipo, formado por los creativos García y Ramírez.

– Jefe: Buenos días, gente. Como sabéis, tenemos que ir poniéndonos las pilas, que el mundial se nos echa encima. A ver, quiero ir oyendo ideas para la promo. ¿García?

– García: Yo había pensado en jugar con el logo de la cadena. Los dos círculos dan muchas posibilidades. Es un logo muy dinámico. No tengo una idea clara, pero jugaría con eso. Por ejemplo, convertir esos círculos en balones de fútbol. Y a partir de ahí, pues que la promo vaya creciendo. Y por supuesto, incluir referencias a África de alguna forma.

– Jefe: Bien. ¿Ramírez?

– Ramírez: Yo creo que aquí la clave está en África. Tenemos que centrarnos ahí, pero sin caer en los tópicos. Ya me entendéis, sin niños negros con moscas y eso. Si el mundial fuera en España, ¿nos molestaría que se diera la imagen del toro? A mí sí. Así que eso, nada de moscas.

– Jefe: Eh….

– Ramírez: ¿Sí?

– Jefe: Eh… no importa. Perdona, sigue.

– Ramírez: Bien. Como iba diciendo, nada de moscas. No seremos nosotros quienes fomentemos eso. Bueno, pues mi idea es, que el chaval, en lugar de tener moscas alrededor, esté limpio.

– Jefe: ¿¡Cómo!? ¿Qué chaval?

– Ramírez: Coño, el de las moscas. Parece que no me escucha, jefe. Lo cogemos, lo limpiamos, le quitamos las moscas, le damos un balón de fútbol y ¡ala, a correr!

– Jefe: (Silencio y ojos como platos)

– Ramírez: Veo que le gusta. Pues espere, que hay más, ¿ha visto usted alguna vez a un negro?

– Jefe: ¡Pero Ramírez, por favor! Su discurso es un poco…

– Ramírez: Sí, lo sé. La idea es atrevida, pero creo que Cuatro es una cadena moderna, abierta… y debemos arriesgar. Yo apuesto por sacar un negro. Tenemos que ser atrevidos.

– Jefe: (Silencio y cara de desconcierto)

– Ramírez: Bueno, ¿dónde estábamos? ¡Ah, sí! Que si ha visto usted alguna vez a un negro. De cerca, me refiero.

– Jefe: (Asiente muy lentamente con la cabeza. Cara de desconcierto)

– Ramírez: Vale. Entonces me va a entender usted. En mi barrio hay uno, y su brazo parece mi pierna. Se lo juro. Es un portento el chaval. Un animal. ¿Me entiende?

– Jefe: (Niega muy lentamente con la cabeza. Cara de desconcierto)

– Ramírez: Pues eso, ¡un animal! ¡El niño sin las moscas podría ser como un animal!

– Jefe: (Silencio mientras busca con la mirada a García, que observa con cara de desconcierto al propio Ramírez)

– Ramírez: Podríamos sacar al chaval ahí, en medio de alguno de los descampados que tienen… ¿cómo se llaman? Bueno, da igual. Pues eso, el chaval en un descampado de esos, a lo Mogli, jugando un partidito de fútbol con un león, por ejemplo. O con un elefante, o un rinoceronte, o un tigre… en fin, cualquiera de los bichos que tienen por allí sueltos ¡Coño! ¡Sábana! Se llaman sábanas.

– Jefe: (Traga saliva antes de parar a Ramírez, pero éste se adelanta)

– Ramírez: ¿Acojonante o no? No me responda todavía, que queda más. Lo típico sería vestir al chaval de las moscas con un taparrabos, ¿verdad? ¡Pues no! Porque Cuatro es una cadena de mente abierta y moderna, así que, el chaval irá con ropa. A lo europeo, ¿entiende? Hombre, no digo que le vayamos a poner un lacoste y unos náuticos, eso cantaría demasiado, pero podríamos ponerle un poco de ropa y unos zapatos así baratillos. Unas chanclas de plástico, de las de piscina. Y como en África no hay piscinas, la gente dirá ¡coño!, ¿porqué tiene el niño unas chanclas de piscina? Y pensarán: Igual se las hemos donado desde España. Atrevimiento, creatividad, innovación, y encima solidaridad. Creo que la idea es completa, jefe. Ahora el balón está en su tejado. Buenos días.

Como una estrella del rock, Ramírez se levanta y abandona la sala con la cabeza alta, orgulloso. El jefe y García se quedan solos, callados, mirándose con caras de incredulidad.

Esa misma semana, el jefe del departamento de autopromociones de la cadena, decide que necesita contratar a alguien más para el equipo y que prescindirá de Ramírez en unos meses. Meses convulsos en Cuatro, que tras la fusión con Telecinco sufre un terremoto interno, con ajuste y renovación de personal incluida.

Ajuste tras el que Ramírez es ascendido al puesto de jefe del departamento de autopromociones. Entre otros motivos, por ser una persona que sabe trabajar en equipo y escuchar propuestas. Incluso propuestas de personas de otros departamentos de la cadena, como ésta del periodista Manolo Lama:

Así se fraguó: El anuncio de Campofrío

Diez de la mañana. Séptima planta de un edificio en la Gran Vía de Madrid. En las oficinas de una importante agencia de publicidad, el director de la agencia y uno de los creativos, Ramírez, están reunidos desde hace unos minutos. Sobre la mesa, un encargo de la empresa Campofrío.

Director: (…) y bueno, esas son las líneas maestras del trabajo que tenemos por delante.

Ramírez: Yo le estuve dando vueltas anoche al asunto, ¿sabe?, y se me ha ocurrido una idea, jefe.

Director: A ver. Dígame.

Ramírez: Verá, la idea es ésta. Acojonante. Le cuento. Póngase en situación…

Director: Al grano, Ramírez.

Ramírez: Bien. Yo propongo lo siguiente: Un soldado español, en alguna guerra, no sé… en Vietnam, por ejemplo…

Director: ¿Soldado español en Vietnam? España no estuvo en Vietnam, que yo sepa.

Ramírez: Ah, ¿no? Bueno, da igual, pues en otra guerra. En una de esas del telediario, esas con un montón de arena y escombros. La de… el país ese famoso que está lleno de mor… de musulmanes, por ejemplo.

Director: Continúe, Ramírez, y concrete la idea, por favor, que tengo una reunión con un cliente en quince minutos.

Ramírez: Bueno, la cosa es que un soldado español recibe el correo, no un e-mail, una carta de papel de las de toda la vida, ¿sabe?, porque en los países estos no hay cables para el Internet ni nada, y bueno, cuando el tío recibe la carta, acaricia la foto de su hijo o de su mujer o de su puta madre, lo que sea. Después mira dentro del sobre… bueno, del sobre no, que ahí no cabe. Lo que le han mandado es un paquete. Sí, mejor un paquete…

Director: Por favor, céntrese.

Ramírez: Sí, sí, me centro, me centro. La cosa es que el tío, el soldado, cuando abre el paquete se encuentra comida inglesa o algo así. Claro, porque en las guerras de hoy en día están allí mezclados soldados de todos lados, ¿sabe? Y él lo que quería encontrar dentro del paquete era jamón cocido, no mierda de comida inglesa, ¿sabe? Y claro, el soldado se cabrea. Normal,  joder, porque llevará allí ya unos meses, rodeado de arena y durmiendo como si estuviera en el camping de un festival de música, sin sombra ni nada…

Director: De verdad, Ramírez, tengo prisa, Si quiere lo dejamos para esta tarde…

Ramírez: No, no, espere. Ya acabo. La cosa es que, el tío se reúne con los demás soldados españoles, les cuenta lo que le ha pasado y se entera de que a ellos tampoco les ha llegado el chóped ni el jamón cocido. Así que se van a por los ingleses…

Director: Joder, Ramírez, parece un chiste malo.

Ramírez: Espere, que ahora viene lo bueno. El tema es que, se van a por los ingleses. Y les dicen ¿“güer is de jámon”? Y los ingleses, que no, que no tienen ni idea, y que además no entienden “ni pipas” de lo que los españoles dicen. Es bueno, ¿eh? Así que, uno de los españoles, el que recibió el paquete, dice, vale, pues os vais a cagar. Bueno, no lo dice, pero lo piensa. Y empieza a cantar la canción de la Macarena, la de Los Del Río, los dos gorditos esos tan graciosos…

Director: Ramírez, ¿está usted de broma, verdad?

Ramírez: No.

Director: Termine, hágame el favor.

Ramírez: Vale, por dónde íbamos… ¡ah, sí! Pues eso, empieza el tío a cantar la Macarena: “Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es p´adarle alegría y cosas buenas, dale a tu cuerpo alegría Macarena, ¡ay Macarena!” ¿Se acuerda de Bush bailándola? Qué pelotazo ¿eh?… y entonces, claro, el inglés que ha robado todo el Campo Frito…

Director: Campo Frito no. La empresa que nos ha hecho el encargo es Campofrío, Ramírez. Cam-po-frí-o. Y el que bailó fue Clinton.

Ramírez: Bueno, vale, lo que usted quiera, jefe, pero lo importante es que cuando se llega a ese momento de la canción, el inglés que ha robado el jamón y el chóped no puede resistirlo más, porque claro, como ya ha probado la comida española, el Canto Frío ese, pues claro, se ha impregnado de españolismo, ¿no?, y entonces, pues claro, no puede más y grita, “¡ay, Macarena!”. Y entonces, el español lo señala y dice: “¡Ahí!”, y claro, todos saben ya quién ha sido el inglés que ha robado el Castro Frío y los españoles recuperan su comida. La de España, no la mierda inglesa.

Director: (Silencio)

Ramírez: Y ya, como guinda, ¿no?, pues saldría la silueta de un soldado español tocando el estribillo de la Macarena con la corneta, y la bandera de España y el logo de Campo Frito al fondo.

Director: (Silencio)

Ramírez: ¿Acojonante o no?

Director: Me dijo antes que esto es en serio, ¿verdad?

Ramírez: Claro.

Director: Una cosa: tómese dos semanas de vacaciones. Váyase a casa. Son muchos años trabajando juntos, le aprecio y me tiene usted preocupado últimamente. Creo que necesita descansar, desconectar unos días.

Ramírez: Vale, pero entonces, lo del anuncio de Campo Frito…

Director: A ver cómo se lo explico… si todos sus compañeros, todos ellos, enfermaran o murieran, el encargo sería suyo.

Ramírez abandona la sala triste, porque intuye que al jefe no le ha gustado su idea, que no ha entendido la profundidad de su planteamiento. Y dos semanas de vacaciones en casa no iban a sanar esa tristeza.

Las vacaciones no, pero el brote de gripe A que afectó a toda la plantilla de la agencia unos días después sí:

Actualización: Ramírez es un tío que no deja de sorprenderme. Me acabo de enterar de que Campofrío tiene un twitter. Y a raíz de este texto, me siguen. Choped 2.0