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Gaggia ha soltado al Caballo

Alejandro llega tarde. Va con prisas. Se cruza con el dueño de la nave donde Gaggia tiene el local de ensayo ¿Hace mucho que han llegado? Que va, por aquí no ha venido ninguno todavía. Nueve y media de la noche y todo por hacer. Alejandro aprovecha para ir poniendo a punto su parte del trabajo, la guitarra. Se abstrae probando sonidos. Al momento aparece Pablo. Llega en moto. Cuando tiene listo su bajo, se va a por la batería para ir adelantándole el trabajo a Juanma, que ha avisado de que llegará más tarde. Hay que montarla. El fin de semana hubo concierto y está todo un poco caótico. Platos en una esquina, cables encima de unos amplis que no están en su sitio, pedales por todos lados… Sólo las paredes insonorizadas guardan cierto orden. De ellas cuelga una pizarra con el nuevo repertorio, el del primer disco, Caballo y posters de conciertos de Gaggia junto a Lagartija Nick, Josele Santiago, Julio de la Rosa, Santi Campillo o Supersubmarina.

Al cabo de un rato llegan Jose, voz y letra; y Lolo, guitarra. Vienen de recoger parte del equipo que, después del último bolo, se quedó en el local de un grupo amigo. Ya con las herramientas de trabajo de Gaggia concentradas en un mismo punto de la ciudad y todo montado la cosa va tomando color. Salen a la puerta a charlar un rato antes del ensayo. Por lo visto, el single de Caballo, La Cabaña, está empezando a sonar en las salas míticas de Sevilla. Cada noche lo pinchan. Se nota la mano de Jesús Chávez, el maestro, productor de Caballo. Está gustando mucho. También gusta el videoclip, grabado por la gente de Malviviendo, a los que Gaggia les regaló una canción para cerrar uno de sus capítulos.

Aparece Juanma. Cuenta que le han llamado a última hora del trabajo. Calienta batería. Son las diez y media. Se cierra la puerta. Se miran unos a otros. Alguien pregunta: Volveremos, ¿no? (canción con la que abren sus conciertos). Todos asienten. Se hace un silencio. Las baquetas marcan el tiempo y lo que hace una hora era caos, ahora se convierte en armonía muy potente. Rock bailable, lo llaman ellos.

Rock con fuerza, sincero; atrevido, muy trabajado; con matices pop e indie que lo hacen original, fresco. Rock que se crece en el escenario, su casa. Huele a verdad. Es puro. Es Caballo, el primer disco de Gaggia.

Puede escucharse en Spotify y pronto lo sacarán a la venta.

El flamenco como patrimonio de la humanidad

Una vez conseguido el objetivo, muchos artistas ayer parecían preguntarse, ¿qué hemos ganado?, ¿y ahora qué? “¿Esto va a acabar con la crisis o nos veremos en la plaza con el carro de las habichuelas?”, reflexionaba Capullo en Canal Sur. El Gobierno andaluz se ha impuesto una serie de obligaciones que la Unesco vigilará de cerca. La preservación del flamenco y que se tome conciencia de su importancia es sólo el principio. El presidente Griñán dio ayer un paso. Pero queda mucho más por hacer -en realidad casi todo- con nuestro valor añadido y singular más tangible. En Andalucía hay más peñas flamencas que del Real Madrid y, a pesar de ser las máximas protectoras del arte jondo, apenas reciben una limosna de las instituciones.

Leer artículo completo de David Fernández, especialista en flamenco

El hombre que perpetró la letra Comic Sans

Esas gafas de pasta, esa cara amable, esa mirada tranquila. Nada indica que éste es el rostro del autor de uno de los mayores atentados contra la humanidad. Vincent Connare, que perpetró en 1994 la tipografía Comic Sans, lleva una vida aparentemente normal. Tiene una familia normal, amigos normales y trabaja en un estudio de diseño normal en el Reino Unido.

Nacido en 1960 en Boston, este estudiante del New York Institute of Technology, usa el humor para defenderse: “Soy el creador de la fuente favorita de todo el mundo”, para más adelante, echando a un lado las risas y tratando el problema de frente, se excusa explicando que él no quería, que su intención sólo era crear un tipo de letra divertida para niños, que se le fue de las manos, que no recuerda qué pasó, que no era él, que actuó bajo los efectos del fenómeno Microsoft, que por dios señor juez, tiene que creerme.

Pero el daño ya está hecho. Y el tiempo no siempre cura las heridas. Al igual que con el accidente de Chernóbil, las consecuencias las seguimos sufriendo hoy día. Todos. El otro día sin ir más lejos, esperando en un semáforo, vi frente a mí una zapatería con un letrero blanco, que en letras verdes tipo Comic Sans rezaba: “Zapatos y Complementos”. Es tan sólo un ejemplo, una muestra de los miles de dramas humanos que a diario sigue provocando este señor que no sólo no ha pagado por lo que hizo, sino que se mofa de la humanidad abiertamente. Desde su Twitter, sin ir más lejos, enlazaba esta misma mañana a un artículo de un periódico británico que nombraba a su engendro en su edición de hoy. Si este tipo de crímenes quedan impunes, acabaremos muy mal.

“Primero entregaron un trabajo en la facultad y la portada llevaba letra Comic Sans, pero a mí no me importó, porque no soy profesor. Después montaron una zapatería en la calle de al lado y su cartel estaba en Comic Sans, pero a mí no me importó, porque no es mi calle. Un amigo me acaba de mandar un correo escrito en Comic Sans, y ya es demasiado tarde”.

Proyecto para una España fantasma

Es una de estas ideas que te hacen pensar: joder, por qué no se me habrá ocurrido a mí. Pero no, se le ha ocurrido al autor del blog Kurioso, que explica perfectamente en qué consiste este Proyecto de la España fantasma:

¿Vives en el centro de una gran ciudad española? ¿Has visto tu pequeño pueblo, tu barrio o tu manzana alguna vez completamente ‘desiertos’? Este domingo, a las 20.30 de la tarde es una oportunidad histórica. Se calcula que casi 20 millones de personas estarán viendo el partido de España frente al televisor. La mayor audiencia televisiva de la historia vaciará las calles por completo.

Es una oportunidad memorable para fotografíar aquellos rincones por siempre ocupados, las grandes avenidas vacías, los parques desiertos… Por todo ello te pido que, si no te gusta el fútbol o tienes acceso de manera sencilla a una buena foto desde tu ventana, azotea o balcón durante el encuentro, me la hagas llegar esa misma noche. Yo las recopilaré al día siguiente -con sus créditos- para retratar la ‘España fantasma’.

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Yo conocí a Saramago

Es la persona más querida a la que no he conocido.

Miento. En realidad sí que le conocí. Conoces a quien lees con atención, a quien escuchas con cariño cuando sale en radio o en televisión. Conoces a ese personaje público al que decides darle tu cariño por algún motivo. Conoces a quien quieres conocer. Y yo conocí a Saramago.

Ya hablé una vez aquí de él. Yse me olvidó contar lo más importante. En esa visita que hizo a Sevilla en el 2003, para dar unas conferencias, aproveché para pedirle que me firmara unos libros. Un amigo y yo nos enteramos de que a la mañana siguiente de la conferencia, estaría no sé dónde, en un acto cerrado. Fuimos en su busca y lo encontramos. Sabíamos que estaba tras una puerta situada al final de un pasillo estrecho en el que no había nadie más que nosotros.

Después de un rato de espera, por fin salió; lo hizo “escoltado” por dos señores que, cuando le pedimos que nos firmara el libro, respondieron por él: “José no puede pararse. Va a una entrevista a Canal Sur y llega tardísimo”. Él nos miró al pasar a nuestro lado y nos hizo un gesto como pidiéndonos disculpas por no poderse detener. Mi amigo y yo nos quedamos observando cómo se alejaba por el pasillo estrecho, cuando unos metros después, Saramago se detuvo, se dió media vuelta y vino hacia nosotros. Nos dijo en su idioma portuñol: “Si no, después me voy a sentir mal. Es puro egoísmo”. Nos firmó los libros y volvió de nuevo bajo la custodia de aquellos dos señores que miraban desesperados el reloj.

¿Estaremos extrañamente conectados por la bondad del mundo?

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Y de propina: (Lo voy ampliando)

Una de sus últimas entrevistas, en TVE

Por esto es tan grande

A sus ochenta y siete, tenía un blog. Esta es su última entrada

Los miserables lo siguen siendo sea cual se la circunstancia

Uno de los muchos periódicos que hoy dedican su portada a José Saramago

Al Vaticano no le gusta Saramago

Keloide

Enseñar y ocultar al mismo tiempo el foco de la acción, en este caso la música. Pantallas que nos dejan casi ciegos, sólo nos quedan las sombras. Y pantallas que nos sirven como sábana para cine de verano, pero con los actores allí mismo. No sé si la idea, pero sí la puesta en escena, es de la productora Keloide, responsable de los muy bien hechos videoclips de Vetusta Morla. Videoclips que no caen en la sosería habitual.

Investigando (lo que significa pinchar unos cuantos enlaces) he llegado a este trabajo (es sólo el trailer) de la misma productora, un encargo para la Xunta de Galicia, “A nena que tiña unha soa orella” (La niña que tenía una sola oreja).

Y de propina, el blog del corto.