Archive | 07/08/2010

Con tristeza, Fernando Berlín

Leo con tristeza a Fernando Berlín tratar el tema de la visita de las Obamas. Le sigo y le admiro. Por eso me han sorprendido tanto sus formas. Casi me han dolido.

Todo es criticable. Es criticable la visita de la señora del presidente americano, a Marbella, ni más ni menos; es criticable que se cierre parte de playa al público para que una niña, se llame como se llame, se pegue un bañito y juegue un rato; es criticable que las medidas de seguridad que esta mujer lleva consigo incordien a los ciudadanos. Pero Fernando Berlín no ha profundizado lo más mínimo en nada de eso. 

Ha cogido un palo lleno de astillas, y se ha ido a descargar contra los que observaban, al igual que él, la criticable escena. No se puede, Fernando, hablar así de la gente, a no ser que quieras que te confundan con a quienes tantas veces te he visto criticar:

«(…) ¿quién mira a quién? ¿Ella a ellos? ¿Ellos a ella? Bañadores decoloridos, barrigas bajas, algún pareo en desuso, brazos atrás o cruzados. Tampoco faltan las gorras blancas, seguramente, más de una, obsequio de promoción de gasolinera. Somos toda una fauna si se nos mira con atención.»

Cuando escucho la palabra cateto, no puedo evitar acordarme del entrañable futbolista Guti, insultando a unos aficionados. Los catetos de los bañadores decoloridos, gorras blancas y barrigas bajas pertenecen a tu mundo. Incluso las sucias gasolineras pertenecen a tu mundo. Y tú, puede que sin darte cuenta, te has convertido por un momento en la niña a la que le cierran un trozo de playa para que se bañe y juegue en la arena con un palo lleno de astillas, le duela a quien le duela.