Archive | marzo 2010

Un motivo para apagar una luz

Hoy se celebra, una vez más, La Hora del Planeta. Es ya un clásico. Un espectáculo mundial muy bello en el que la luz de algunos edificios emblemáticos del mundo se apaga durante una hora. Desde monumentos hasta importantísimos edificios que albergan a las empresas más poderosas y contaminantes del mundo. Precioso. Todos se unen para, durante 60 minutos, recordarle a la gente del Planeta que no debemos olvidar el cambio climático.

Provocarlo sí, pero nunca olvidarlo. Olvidar es algo horrible. Y para que la gente no olvide, los que contaminan y apagan luces al mismo tiempo, invitan a todos a hacerlo también en casa. A apagar luces, no a contaminar. Unos dicen que en esa hora, la Tierra se siente muy feliz. Otros dicen que ni fú ni fá, pero que sirve para que todos nos concienciemos.

Recuerdo la primera vez que intentaron concienciarnos. Fue hace unos años. El primer día D, a la hora H, me cogió en un piso, en uno de esos barrios que en la tele despachan rápido llamándolos marginales en lugar de marginados. Estaba solo, estudiando. Tenía la radio puesta de fondo. Un locutor invitaba a todos a “unirse a esta fiesta mundial del medio ambiente”, porque “es muy importante que todos nos unamos, que todos nos concienciemos”.

Mi cabreo iba en aumento. Estuve a punto de mearme sobre la radio para concienciarme sobre la importancia de comer verdura, pescado y carne, pero no lo hice. La dejé puesta, subí el volumen y cambié cabreo por curiosidad. Salí al balcón, y me dediqué a mirar las calles. Mientras reflexionaba sobre el peligro de aborregar conciencias con un click de interruptor, miraba como unos niños gitanos jugaban entre aceras destrozadas.

Al final, éstos serán los que peor lo pasen con el cambio climático de los cojones. Cuando, en unos años, la temperatura suba un par de graditos o tres, los que hoy se unen a la fiesta del apagón, tendrán aire acondicionado y casas con paredes decentes. Pero muchos de estos niños, vivirán en chabolas donde se van a cagar de calor en verano. Es la gente de este barrio la que va a pasarlo mal, y es en este barrio, en el que la gente no va a gastar ni sesenta minutos ni uno solo en esta tontería. Algunos no tienen ni luz eléctrica que apagar.

“Va a empezar la cuenta atrás”, escuché decir al locutor emocionado. Giré la cabeza, tomando una panorámica del barrio. Sólo quería asegurarme de que en un barrio con otros problemas, las gilipolleces como esa, quedaban en un segundo, tercer o cuarto plano. En el bloque de enfrente, unos pisos muy pequeñitos y en mal estado, una señora de unos 50 años, estaba asomada a la ventana.

“Cinco, cuatro, tres…”, la cuenta atrás empezó en la radio. Cuando llegó a cero, la señora de enfrente desapareció, la luz de su casa se apagó y su cabeza volvió a asomarse por la ventana. Parecía que buscaba otras casas que también hubieran apagado. Me pareció acojonante, al menos en ese momento. Al menos en ese barrio. Y no pude evitarlo, le devolví el gesto. Esta tarde no estoy en el mismo barrio. La gente que hoy me rodea no sufrirá tanto las consecuencias de cargarnos el Planeta. Apagarán la luz. Yo no lo haré.

Gato vs Oso (III)

El círculo se cierra. La trilogía se completa. El conflicto entre gato y oso llega a su fin.

Gato vs Oso, Gato vs Oso II