Bustamante y el jarrón

La otra noche, viendo la tele, me encontré con Bustamante actuando en un programa. Encontrar a Bustamante y cambiar de cadena suele ser, en mi caso, la misma cosa. Pero me quedé observándolo. Cantaba en playback y bailaba haciendo movimientos enérgicos. Tienes que llenar el escenario, le dijeron al Busta hace ya nueve o diez años en la academia de Operación Triunfo. Y él, nueve o diez años después, seguía el consejo. Daba saltitos espasmódicos sobre el escenario, gesticulaba con cada músculo de su cara y lanzaba miradas de deseo hacia la cámara.

La segunda vez que me miró con cara de deseo estuve a punto de cambiar de canal, pero no lo hice. Seguí observándolo. Y mientras lo veía dar saltitos, me di cuenta de algo tremendo: hace nueve o diez años que conozco, que conocemos, a Bustamante. Y si Bustamante no muere prematuramente y yo tampoco lo hago; si la industria de la música no decide lo contrario, es muy probable que un encuentro como éste vuelva a darse dentro de veinte. Entre medias habrá muchos otros, pero uno de ellos será dentro de veinte años. Yo estaré cerca de los cincuenta.

Para esa época, TVE probablemente siga existiendo. Y tras las doce uvas, el especial de Nochevieja seguirá ahí. Y allí estará él. Y algún año, por una cosa o por otra, allí estaré yo, delante del televisor. Allí estaremos todos. Parece sólo una especulación, pero no lo es. Es una certeza del tamaño de una catedral. Y cuando eso pase, prometo no cambiar de canal. Prometo hacer el ejercicio de observarlo, prometo quedarme allí para que me lance miradas de deseo, 20 años después. Y mientras lo hace, reflexionaré sobre mi relación con Bustamante. Pensaré que fui un ingenuo por no haber calculado, tres décadas atrás, que las consecuencias de ese nuevo concurso de cantantes iban a perdurar en el tiempo. En mi tiempo. Como cuando saludas por primera vez a alguien con quien te cruzas habitualmente por la calle sin conocerlo. Ese hola se perpetúa en el tiempo. No era un concurso de la tele, no estaban concursando, pensaré, estaban decorando la vida de la gente. Mi vida.

Y me acordaré de esa frase que escuché en una película argentina, y que dice algo así cómo que la muerte es ese jarrón decorado con flores que siempre estuvo en la salita, en el que nunca te fijaste, y que un día, de repente toma el protagonismo.

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About Gerardo

Un blog sobre Medios de Comunicación, Política, Arte, Historia, etc, escrito por Gerardo T.C.

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