La loca de los gatos

callenoche

Vive en algún lugar cercano a mi casa una señora mayor que se dedica a salir de madrugada a darle de comer a los gatos del barrio. Casi todo el barrio la conoce. Aunque no todos la han visto, todo el mundo sabe que de madrugada se echa a la calle la famosa “loca de los gatos”.

El otro día me la encontré. Estaba yo sentado en la calle con unos amigos charlando y tomando una cerveza a eso de la una de la mañana, cuando la vi aparecer. Iba con un carrito de la compra con comida para los gatos. Como mis amigos son personas cívicas, a esas horas intentamos no hacer ruido. Y por culpa de esa falta de ruido, la señora, que buscaba gatos con la mirada mientras caminaba,  se llevó un susto al sorprenderse de pronto ante nosotros. Supongo que por miedo, para tantear el terreno, nos habló.

Todo empezó con un “qué susto, es que no me había dado cuenta de que había alguien aquí y al veros me he asustado”. Intentamos ser simpáticos para tranquilizarla. Y ahí empezó la conversación. En realidad se pareció bastante a una entrevista. La señora nos contó que tenía 72 años (y hablaba con una lucidez acojonante), nos contó que llevaba 20 dándole de comer a los gatos “porque si no lo hacía ella, quién lo iba a hacer en el barrio”, que a su marido no le gustaba nada, pero que ya estaba acostumbrado, que su hija vive fuera y se preocupa porque cree que “un día le va a pasar algo a esas horas”, nos contó también que tarda alrededor de una hora cada noche en hacer su trabajo, que recorre unas 5 manzanas, que calculaba que estaba alimentando a unos 200 gatos, etc.

Esto último me pareció demasiado, pero tengo que decir que en los 3 minutos que duró la conversación se acercaron un par de ellos a por su comida sin necesidad de que ella los buscara ni los llamase. Cuando la conversación ya agonizaba, nos dijo: “Me voy ya que se me van a ir los gatos y se van a quedar sin comer hoy”. “Bueno, que le vaya bien, tenga cuidado”, le dijimos. Se giró, agarró el carrito de la compra y empezó a caminar otra vez. Cuando la veíamos irse, muy despacio, me di cuenta de que me había dejado una pregunta muy importante: “¡Perdone!”

Se giró hacia nosotros otra vez y yo pregunté: “¿Y por qué sale a estas horas? ¿No sería mejor que saliera usted a otras horas?”. Me miró y sonrió: “Hijo, imagínate que yo salgo a las 12 del mediodía a darle de comer a los gatos. La gente pensaría que estoy loca”.

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About Gerardo

Un blog sobre Medios de Comunicación, Política, Arte, Historia, etc, escrito por Gerardo T.C.

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