Archive | julio 2009

Periodismo decorativo

Remontémonos a los años ochenta: Ronald Reagan era el presidente de EEUU. En la Casa Blanca, en una rueda de prensa, un periodista planteó una pregunta al presidente. Lo normal. Lo normal hasta entonces, porque Reagan sorprendió con su respuesta: “No voy a contestar a esa pregunta, porque si lo hago, ustedes hablarán sobre eso, y no sobre lo que yo quiero que hablen”. Reagan, siguiendo las instrucciones de sus asesores en comunicación, había alumbrado la figura del periodista guionista, cuya misión era narrar, mejor o peor, la historia que diariamente le proponían las instituciones. Un día, una historia. No más.

Desde entonces, el periodismo ha evolucionado, y existen hoy en España las ruedas de prensa sin preguntas. Es el periodismo decorativo: al periodista se le reserva la misión de figurar como actor de reparto ante las cámaras de televisión. La posterior emisión de esas imágenes sugiere que la autoridad se ha sometido a un juego libre de preguntas y respuestas, saliendo del envite con éxito: airoso, seguro, certero. Estas ruedas de prensa suelen ser “alocuciones breves”. Breves para que no haya mucho margen en la elección de los 20 segundos que la autoridad desea difundir.

Toni Martínez, publicado en El País Semanal, el pasado 5 de julio.

Días después de la aparición de este muy buen artículo, un personaje chulesco llamado Manuel Franch, sale de la oscuridad de su cargo para ponerle cara a todo este tema. Yo le veo el lado positivo: TVE ha demostrado independencia. Supongo que es la primera vez en la historia de la televisión pública de este país, en la que ésta “muerde” a la institución superior. Eso es muy buena noticia. Ojalá se convierta en algo habitual. Ahora, como dice Iñigo Sáenz de Ugarte: “Quien tiene un problema ahora es el jefe de informativos de TVE. ¿Tiene valor suficiente como para anunciar, de forma breve y sin necesidad de hacer ningún comentario, que el periodista volverá al Ministerio siempre que lo decidan sus jefes, y no ningún portavoz oficial? ¿Pueden saber los periodistas de TVE que su jefe les protegerá cuando un sicario se les eche encima por empujar demasiado con el micrófono?”

El Factor Pilgrim

¿Puede ser considerada como “un clásico” una desconocida película grabada en el año 2000? Seguramente no. Imposible. Pero… ¿y si consideramos como clásicos, una gran ciudad, la supervivencia, el mercadeo y un mito alrededor del grupo de música más grande de todos los tiempos?  ¿Puede esta película oler a clásico? Como el olor es subjetivo tengo que decir que a mí me huele.

El Factor Pilgrim, dirigida por Santi Amodeo y Alberto Rodríguez, y protagonizada por el multiusos Alex O´Dogherty, fue un salto al vacío de un grupo de gente del cine y la música que compartían ganas, muchas, ciudad, Sevilla y dinero, poco. Un podemos nueve años antes que el de Obama. Una generación joven, con ganas de demostrar que desde Andalucía era posible, que no había que irse a Madrid para hacer cine… ¡y se fueron a Londres!

Artesanía tallada con un presupuesto mínimo, medios limitados y el tiempo para rodar corriendo en contra, ya que en Londres, si no hay pounds, no hay Londres. Frasco pequeño. Ochenta y tantos minutos en los que Francisco, Giuseppe, Bruce y Ambar Pool, cuatro tipos que sobreviven en la City, pasan de no tener nada a tener algo tan importante en las manos que podría cambiar la historia de la música. Uno de los muchos mitos que giran alrededor de The Beatles dice que éstos plagiaron algunos de sus grandes éxitos a un campesino escocés llamado David Pillgrim, al que su mujer trataba como un loco cuando le enseñaba algunas de sus canciones, como aquella que hablaba sobre algo tan absurdo y estúpido como un submarino amarillo.

Es una película sin pretensiones, como debe ser, pero con muchas e importantes reflexiones, importantísimas. Con cien mil pounds, por ejemplo, podrías tener a la plantilla y la imprenta de un gran periódico trabajando un día entero para ti, o que hay gente que invertiría miles de pounds en un bonito barco de papel de color naranja para que navegue sobre el Tamesis, o que si alguien te ofrece cinco pounds por algo que acabas de comprar por tres, es que cuesta más de cinco. Podríamos, quizá, verla como una especie de tesis de la asignatura de microeconomía.

La música, compuesta por Lavadora, un grupo creado expresamente para ponerle una B.S.O a la película, y la voz en off del protagonista narrando, fueron el calzado perfecto, la talla justa que necesitaban esas cintas grabadas con prisas y poco dinero en Londres para convertirse en una película que, como ya he dicho, huele a cine independiente del bueno.

(Esta es mi colaboración para la sección “cine revisado” de la revista sevillana Lokofanzine)

Y de propina: una entrevista con uno de los dos directores de esta pelicula, Alberto Rodríguez

“En el periodismo pasa como en el cine, si presentas al malo como muy malo y al bueno como muy bueno, tu trabajo está mal hecho”

Caro-y-Beriain

Una máxima: “show, don’t tell”; una epidemia: hablar más fuerte que la historia. David Beriain y Sergio Caro estaban en Afganistán hace sólo una semana, y llegan cargados de cosas por contar. Anécdotas de un trabajo “marciano en todo el mundo, porque casi ningún medio te da ese tiempo para que hagas nada”. Ese tiempo son meses. Meses en Afganistán. Trabajando con las fuentes, descubriendo las historias, tomando tés. Creen que no sabrían hacer otra cosa, trabajar con otro ritmo, producir contenidos a diario. La cuestión parece clara, y la expone David en nombre de los dos: “¿cómo nos las arreglamos para coger una vida fascinante, terrible, dramática, sangrienta… y acabar escribiendo 80 páginas de un tedio absoluto? Había que ir más allá… A mí no me gustaban las noticias como las estábamos viendo y Sergio no tiene una sola foto que no diga… algo más.”

Seguir leyendo y ver el video de la conferencia de Beriain y Caro en el Encuentro Internacional Foto y Periodismo de Gijón

(Texto: David Martos; Foto: Julio Albarrán)