Archive | junio 2009

La cosa

Nunca he llegado a comprender qué significa exáctamente “cosa” ¿Qué es una cosa? De pequeño, en el colegio, el mundo me lo organizaron en tres categorías: persona, animal o cosa. Los dos primeros eran relativamente fáciles de entender, pero… ¿cosa?

Aunque aprobé mis exámenes sin problemas, cada vez que me obligaban a unir la flechita que iba de categoría hasta elementos, no estaba nada convencido de que un coche o una puerta fueran “cosas”. Un coche es un coche, nunca he escuchado a nadie llamar a un coche “cosa”. Algo no cuadraba. Alguien mentía, eso era seguro, pero… si un coche o una puerta no eran “cosas”, ¿qué cosas serían “cosas”?

Y hace unos meses , sin buscarlo, conseguí darle la razón al niño incrédulo. Descubrí lo que es una “cosa”. Estaba hablando por teléfono, y no sé bien de dónde salió ni desde cuándo tenía en la mano la cosa. Era azul. Parecía una de esas plastilinas que sirven para pegar posters en las paredes sin que quede marca, pero no estoy seguro de que fuera eso. Estaba como reseca. Supongo que habría salido de los restos de alguna fotografía retirada de la pared. Mientras hablaba por teléfono la iba aplastando, dándole forma circular, la estiraba, la hacía trocitos pequeños que después volvía a juntar…

Desde ese día, la cosa va apareciendo en mi mano cuando menos lo espero. Y en lugares distintos de la casa. Yo no la busco, pero ella aparece como un superhéroe cuya función fuera que no me mordiera las uñas o algo así. No parece importarle la indiferencia, su condición de momentánea, su poco importancia teórica. La aplasto, le doy la forma que se me antoja, y cuando vuelvo a centrarme plenamente en cualquier actividad, la abandono en cualquier sitio sin importarme demasiado si volveré a verla. En la cocina, en mi habitación, en el baño, al lado del teléfono fijo… siempre vuelvo a encontrarla. La cosa no es bonita, ni es útil, ni tiene nada especial. Por no tener, no tiene casi adjetivos aparte de azul, reseca, inútil… y sin embargo, ahora que me he dado cuenta de que existe, ahora que de algún modo le he dado vida escribiendo sobre ella, me inquieta pensar que nuestra relación cambie.

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Soy tan bueno que me dan ganas de llorar

Dicen que el lenguaje crea realidad. Probablemente sea así. Lo que sí es seguro es que puede transformarla. Puede agarrarla amablemente de la mano, sentarla en una silla y aplicarle una capa de maquillaje que consiga presentarla a nuestro antojo.

En un mundo tan globalizado como asimétrico, la palabra, el lenguaje, juega un papel muy importante. Los que habitamos el “mundo desarrollado” hablamos muchas veces de las necesidades de los países del “tercer mundo”. Somos conscientes de que en muchos rincones de este enorme tablero de juego falta agua, alimento, medicina… Tienen ciertas necesidades. Lo sabemos.

Pero de tanto mirar a las necesidades del prójimo, olvidamos lo que nos cuesta cubrir algunas de las propias. Además de necesidades tecnológicas, turísticas, dermo-estéticas o relacionadas con el cuidado de nuestras mascotas, tenemos otra necesidad muy importante que cubrir y que algunas veces descuidamos: la necesidad de no sentirnos culpables siendo conscientes de lo que hay a nuestro alrededor. Para cubrir esta necesidad usamos el lenguaje.

Así, cuando nuestra policía detiene y deporta a un “sin papeles” que llega a nuestro país, por ejemplo, en una patera, no es que estemos cometiendo un acto inhumano, estamos “luchando contra las mafias que trafican con personas”. Lo hacemos por él, por el “sin papeles”, por esa pobre persona, que por no tener no tiene ni nombre. Y por solidaridad tenemos que deportarlo, devolverlo a su país (o a cualquier otro que se le parezca) para que no sea “traficado por las mafias”.

Cuando un país del “mundo desarrollado” bombardea otro del “tercer mundo” (llamarlo segundo mundo sería tenerlos demasiado cerca) nunca será por intereses económicos o estratégicos. Siempre será para “extender la democracia y la libertad en ese pueblo”. Faltaría más. Y si los “democratizados” se resisten a ello, dejarán de ser “pueblo” para pasar a ser “terroristas”.

Es como la aspirina, el maquillaje casi siempre funciona. Pero como la aspirina, a veces falla, a veces la realidad le juega malas pasadas al lenguaje. Y entonces, todo parece un chiste. Sin gracia, pero un chiste:

Hace unos días leí que, en Mataró, la policía había “desarticulado” una “mafia china” que “explotaba” a ciudadanos de su mismo país, haciéndolos trabajar un elevado número de horas, y lo que es peor, haciéndolos dormir a todos, “hacinados”, en “condiciones inhumanas”, en el mismo almacén donde trabajaban. Una “pesadilla” que ya acababa. Los ciudadanos chinos (alrededor de cien) fueron “liberados” y el almacén clausurado. La “pesadilla”, la “explotación”, el “hacinamiento”, habían terminado por suerte. Gracias a nosotros.

Pero ayer vi por televisión la segunda parte de la noticia, la secuela: los cien ciudadanos chinos estaban, desde el día de la “liberación”, viviendo, paseando, durmiendo… en las plazas del pueblo o en la playa, ya que no tenían lugar donde quedarse y no tenían trabajo. Y parece que esto, a los vecinos, no les estaba entusiasmando mucho. Un pueblo con más de cien chinos sin nada que hacer deambulando por las calles y sin sitio para dormir no era una opción que le gustara a nadie, así que, había que encontrarle solución. ¿Que cuál? El almacén del “hacinamiento”, la “pesadilla” y las “condiciones inhumanas” fue desprecintado, para que los cien “liberados” “pudieran tener una cama en la que dormir”.

Hay una imitación de La Hora Chanante a Bono, el cantante de U2, en la que dice: “Soy tan solidario, tan buena persona, que a veces, hasta me dan ganas de llorar”.

Atentado de ETA, suspenso a TVE

Cada vez que ETA asesina la estructura informativa que siguen los medios es la misma.

Primeras informaciones, primeros protagonistas (policías, vecinos, bomberos, servicios médicos…), confirmaciones, desmentidos… y una vez el suceso es bien conocido y contrastado, plasmarlo en el telediario se convierte en una foto fija. La misma, atentado tras atentado. Básicamente se presenta el hecho (quién, cómo, dónde, cuándo… ) y después se pasa a las reacciones políticas, convirtiendo a los representantes de los ciudadanos en los verdaderos protagonistas de la noticia. Gobierno, oposición, presidente autonómico que corresponda, Congreso de los Diputados, etc.

Hoy, TVE no ha sorprendido, y ha seguido esta estructura. Presentación de los hechos + reacciones políticas. Pero han metido la pata, y bien, en la única parte de este binomio que no funciona a golpe de comunicado oficial o frase repetida hasta la saciedad. La han cagado en la parte de los hechos, en la única que hay que trabajarse un mínimo. En lo único que realmente era noticia, en el qué ha pasado.

Así ha empezado el telediario hoy:

La presentadora da paso a David Astorga, periodista que habla en directo desde el lugar de los hechos, Arrigorriaga, y que a su vez dará paso al reportaje en el que se narran de nuevo los hechos:

“Como cada mañana, Eduardo Puelles se dirigía a su trabajo, y cuando se ha introducido en su coche, los terroristas han hecho explosionar un vehículo que habían estacionado junto al suyo (…)

A continuación, medio minuto después, la voz en off narra otro atentado distinto (el real):

“Pasaban cinco minutos de las nueve de la mañana. Eduardo Puelles iba a trabajar como todos los días. Adosada a los bajos de su coche, una bomba lapa provocaba una potente explosión (…)

AQUÍ, el enlace al video.

Auto-gestión

Blog – ¿Pensabas que había muerto, verdad, cabrón?
Gerardo – ¡Hombre¡ Cuánto tiempo…
B – Pues no, aquí sigo, y no me podrás callar, ¿sabes?
G – Me alegra saber de ti, hacía ya un montón de tiempo que no te “auto comunicabas”
B – Hipócrita…
G – Joder, te estoy diciendo que me alegra saber de ti… no me insultes, ¿no?
B – Maldito hijo de…
G – ¡Eh! No te cueles
B – Bueno, voy al grano. Quiero que dimitas
G – ¿Dimitir? ¿De qué?
B – De mí, de este blog, de llevarlo, de actualizarlo, de publicar. Quiero auto gestionarme
G – ¿?
B – Creo que su gestión es muy mala, váyase, señor Gerardo
G – Ostias, lo que me faltaba…
B – No tenemos visitas a penas, no sacas tías desnudas, todo lo que me haces contar es una puta mierda. Siempre basura sobre periódicos o chorradas infumables o cosas de política. Y para una cosa importante que pasa en política ni la nombras. Eso es ocultar la realidad. Tienes que dimitir.
G – Ya te he dicho otras veces cuál es la situación. Eres mi blog. Este es mi blog, quiero decir. Y en él escribo sobre lo que me da la gana. Y si no hay muchas visitas me da igual, también te lo expliqué al empezar con esto.
B – Eres un mierda.
G – Sin insultar, por favor…
B – “Sin insultar, por favor”, que este es un blog muy culto y no ponemos fotos guarras ni queremos muchas visitas… ¡Por favor, hombre! ¡Dimite de una vez! Y deja de ocultar las informaciones políticas que importan
G – De qué me hablas…
B – Del negro asesino de animales
G – No te entiendo, tío, lo siento ¿Tienes algo más que decir o te vas ya?
B – Eso, además de matarme del aburrimiento me censuras. Te pareces al iraní ese de las barbas. O lo que es peor, al negro.
G – ¿A qué negro? ¿De qué me hablas?
B – El asesino de moscas. Es como tú. Palabras muy educaditas, muy cursis, muy todo, y luego pasa una mosca a su lado y la revienta. Valiente hijo de puta… Yo a Bush nunca lo vi matando un ser vivo
G – Aunque seas un blog, creo que estás delirando o algo así
B – Sí, delirando… mis cojones sí que están delirando. Mira cómo deliran… Eres peor que el negro. ¡Dimite ya!
G – Y dale… qué pesadito. Vamos a ir terminando esta conversación, ¿no?
B – ¡Que todo el mundo se entere! ¡Aquí se censura! ¡Freedom to El Teléfono Verde! ¡Gerardo dimisión!
G – Tío, tú estás muy mal, ¿eh?
B – Yo no estoy mal. Quien está mal eres tú, dictadorzuelo
G – Estás empezando a resultar repetitivo… dejémoslo aquí
B – ¡Libertaaaaaaaaaaaaad!

P.D: Este blog denunció torturas físicas del administrador justo tras publicarse esta entrada. El administrador asegura que no sabe cómo se puede maltratar físicamente a un blog. Nadie investigó demasiado este hecho y nunca se supo nada.

Paradoja, por José Saramago

Saramago regala hoy este texto, titulado “Paradoja” en su blog:

Otras veces me he preguntado dónde está la izquierda, y hoy tengo la respuesta: por ahí, humillada, contando los míseros votos recogidos y buscando explicaciones al hecho de ser tan pocos. Lo que llegó a ser, en el pasado, una de las mayores esperanzas de la humanidad, capaz de movilizar voluntades simplemente apelando a lo que de mejor caracteriza la especie humana, y que creó, con el paso del tiempo, los cambios sociales y los errores propios, sus propias perversiones internas, cada día más lejos de las promesas primeras, asemejándose más y más a los adversarios y a los enemigos, como si esa fuese la única manera de hacerse aceptar, acabó cayendo en meras simulaciones, en las que conceptos de otras épocas fueron utilizados para justificar actos que esos mismos conceptos habían combatido. Al deslizarse progresivamente hacia el centro, movimiento proclamado por sus promotores como demostración de una genialidad táctica y de una modernidad imparable, la izquierda parece no haber comprendido que se estaba aproximando a la derecha. Si, pese a todo, fuera todavía capaz de aprender una lección, ésta que acaba de recibir viendo a la derecha pasarle por delante en toda Europa, tendrá que interrogarse acerca de las causas profundas del distanciamiento indiferente de sus fuentes naturales de influencia, los pobres, los necesitados, y también los soñadores, que siguen confiando en lo que resta de sus propuestas. No es posible votar a la izquierda si la izquierda ha dejado de existir.

Curiosamente, y esta es la paradoja, el político al que el título de este comentario se refiere, es precisamente el que en este momento preside los destinos del país que desde hace muchísimo tiempo viene desarrollando una política en todos los aspectos imperial y conservadora: Barack Obama. Da que pensar. Una acción política que, como vengo diciendo, pretende poco más que salvar los muebles de un capitalismo sin reglas que estuvo a punto de devorarse a sí mismo, nos parece ahora casi, casi, la realización del sueño de la izquierda. Apuesto que mucha gente, progresistas, socialistas, comunistas, anda por ahí preguntándose: “Y si Obama fuese presidente de mi partido?” Tal vez lo que llamamos ironía de la Historia sea algo así como esta situación… Tal vez sea, solamente, la importancia del factor personal.

El juego de la ceja ^^

– Personaje famoso

– Rubio

– No europeo

¿Has escuchado alguna vez hablar del juego de la ruleta rusa? Es precioso. Por si nunca lo has oído, el juego es el siguiente: un grupo de personas se reúnen en torno a una pistola en la que previamente se ha introducido una sola bala. El tambor de la pistola tiene capacidad para seis. Se sortean los turnos y uno a uno van disparándose a sí mismos en la boca. Si te toca la bala, pierdes la vida. Si no, ganas dinero. Mucho dinero, dicen.

Pues es la misma filosofía que tiene el juego de la ceja. La diferencia es que no hay bala, ni hay pistola, ni tambor. Y  no se pierde la vida. Pero se puede perder una ceja y no se gana absolutamente nada. Es, digamos, un juego para altruistas. Las instrucciones de uso son las siguientes: 

Los reunidos sortean el orden de participación. Una vez conocidos los turnos, el primero de los “suicidas” apunta en un papel el nombre de un personaje famoso, marca comercial, ciudad, país, serie de televisión… lo que quiera. En ese momento cada uno de los demás participantes “disparan una bala”, o dicho de otra forma menos excitante, dicen lo que creen que pone en el papel del suicida. Si nadie ha acertado, el suicida da una pista que acote las opciones. De nuevo, los demás vuelven a disparar su bala. Si tampoco han acertado, se da la segunda y última pista y de nuevo se vuelve a disparar. Si nadie acierta, pasa el turno al siguiente, y vuelta a empezar.

Es un juego en el que el suicida casi nunca pierde. Pero si alguien pierde, en menos de 48 horas deberá afeitarse una ceja. Aunque el castigo no sea tan duro como el de la ruleta rusa, puedo asegurar que es una putada bien grande. Y puedo asegurar que cuando escuchas a tu amigo decir la palabra o palabras que nunca deberían salir de la boca de nadie durante el tiempo que dura tu turno, es muy doloroso. También lo es ver al resto de participantes dándose abrazos y saltando de alegría ante tí y tu ceja cuando, tras escuchar la palabra maldita tú gritas “cabrón” y sacas el papelito. Y es una putada muy irónica, ya que al día siguiente, cuando, triste y hundido, delante del espejo, con los restos de tu ceja recién rapada todavía en el lavabo, te veas con una ceja afeitada y la otra poblada de pelo, probablemente tengas que volver a encender la maquina de afeitar o coger la cuchilla de nuevo.

– Hulk Hogan hulk-hogan-interview-20050701022156