Corresponsales de guerra (III), Jay Allen

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Matanza de 4.000 personas en Badajoz, “ciudad de horrores”

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The Chicago Tribune, 30 de agosto´36

*Por Jay Allen (1904 – 1977)

foto-allen1Esta es la historia más dolorosa sobre la que he tenido que escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo en cuerpo y alma, en el apestoso patio de la Pensión Central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad amurallada. Nunca sabré encontrar el camino de vuelta a Pensión Central, y nunca querré hacerlo.

He llegado aquí desde Badajoz, ciudad que está a varios kilómetros de distancia, en España. Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando los cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y legionarios rebeldes del general Francisco Franco treparon sobre los cuerpos de sus propios muertos para poder cruzar sus murallas tantas veces empapadas en sangre.

He intentado dormir. Pero no se puede dormir en una cama sucia y llena de bultos, en una habitación con la temperatura de un baño turco, castigado por mosquitos y chinches, y atormentado por el recuerdo de lo que has visto, con el olor de la sangre en tu pelo, y con una mujer llorando en la habitación de al lado.

– ¿Qué le pasa? – pregunté al paisano adormilado que ronda el lugar por la noche haciendo guardia.

– Es española. Vino aquí creyendo que su marido había escapado de Badajoz.

– ¿Y no es así?

– Sí – dijo, y me miró, no sabiendo si seguir hablando -.

Si, y lo mandaron de vuelta. Lo fusilaron esta mañana.

– ¿Quién lo mandó de vuelta? -. Lo sabía, pero lo pregunté de todos modos.

– Nuestra policía internacional.

(…) Ya conocía Badajoz. Este último año he ido cuatro veces buscando información para un libro que estoy escribiendo sobre las operaciones de la reforma agraria que podría haber salvado a la República española, una República que, al margen de lo que fuera, proporcionó a España tanto escuelas como esperanza, cosas que no había conocido en siglos.

(…) Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo. Allí se asesinó a mil ochocientos hombres u mujeres, en un plazo de doce horas. En 1.800 cuerpos hay más sangre de la que imaginas. Durante las corridas, cuando el toro o algún pobre caballo sangra mucho, aparecen los monosabios para esparcir arena limpia sobre la sangre. Pero en las tardes soleadas sigue pudiendo olerse la sangre.

(…) La noche era calurosa. Había un olor en el aire. No puedo describirlo y no lo describiré. Los monosabios tendrán mucho trabajo para hacer presentable la plaza para la siguiente corrida. En cuanto a mí, no volveré a ver una corrida. Jamás.

*(Periodista de The Chicago Tribune, era tal vez el corresponsal extranjero mejor informado de España. Hablaba español y había cubierto la revolución de Asturias de 1934. Fue el primero que logró hablar con Franco y uno de los últimos que lo hizo con José Antonio Primo de Rivera. Su crónica sobre Badajoz, con la imagen del sol abrasador, la sangre y la arena de la plaza de toros, llamó la atención del mundo sobre la cruenta confrontación que se había desatado y galvanizó a la opinión internacional. En cierta medida conformó lo que iba a ser la cobertura de la guerra)

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Un blog sobre Medios de Comunicación, Política, Arte, Historia, etc, escrito por Gerardo T.C.

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