Hitler (Artículo publicado en ABC, el 3 de Marzo de 1933)

¿Qué dicen ahora los diarios extranjeros que nos venían asegurando que Hitler carece de talento y de dotes políticas? Lo que deberían decir es que sus redactores son tan tontos que han acabado por creerse sus propias mentiras. Porque no cabe duda de que Hitler ha dado una estocada de maestro. Hace ya mucho tiempo que el caudillo alemán debía de saber que en la Casa Liebknecht, Centro comunista, se preparaba una revolución, porque ningún Centro comunista de alguna importancia se dedica a otra cosa. También debía de conocer la existencia en ella de departamentos secretos, que por alguna razón preferían esconderse en el misterio. De otra parte, no era difícil prever que al descubrimiento de los planes revolucionarios seguiría inmediatamente algún atentado, porque, entre los miles de personas comprometidas en un golpe de fuerza, no puede faltar el impulsivo que no se resigna a dejar incumplida su misión.

¿Por qué ha esperado Hitler a la víspera de las elecciones para hacer el registro de la Casa Liebknecht y el descubrimiento de sus planes? Porque sabe que las multitudes tienen una hora de atención y mil de incuria. Hitler ha esperado su momento, y de un solo golpe ha dejado inutilizado al partido comunista y medio inútil al socialista. Y esto no lo sabía hacer Bismarck. El “Canciller de Hierro” era el primer político de Europa y el mejor servidor del Estado que ha tenido su patria después de Federico el Grande. Mano a mano, frente a un gobernante, un embajador o un Monarca, no tenía rival. Pero no entendía las muchedumbres, y por eso fue derrotado totalmente cuando atacó a los católicos y a los socialistas. Y es que ya en su tiempo, y ahora mucho menos, no bastaba con que los hombres públicos dirijan el Estado. Es tan importante que sepan dirigir la multitud.

Las muchedumbres están en la política. Podemos lamentarlo. Sería mucho más provechoso para ellas consagrarse al trabajo y que la Providencia las librara de los agitadores que las sacan de sus casillas. El hecho es que están en la política y que hay que dirigirlas. Y esto es lo que hace Hitler como nadie. Ello es dificilísimo. Probablemente se trata de que Dios le ha dotado del don de profecía, de una parte, y el don de mando, de la otra. Posiblemente es necesario que el demagogo sea pueblo, para que entienda al pueblo. Acaso la cualidad fundamental es que el caudillo ha de estar inflamado del mismo ideal y de las mismas pasiones que su gente. Pero no veo a ningún otro en Europa en que su país se encarne tan del todo como la Alemania de hoy en Hitler. Por eso no hay libro alguno que enseñe a apreciar mejor las realidades políticas del centro de Europa que el suyo., Mein Kampf (Mi lucha). La noche del incendio del Reichstag, los políticos de la camarilla que hace unos meses pretendía soslayar a Hitler han debido sentirse muy pequeños, como si las llamas iluminasen la cruz esvástica en el cielo.

Ramiro de Maeztu, ABC, 3 de marzo de 1933

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